domingo 26 de febrero de 2012

viernes 23 de diciembre de 2011

¡¡FELIZ 2012!!


Gracias por seguir este blog, por leer mis creaciones, por su apoyo y cariño diario...

Les deseo a todos unas fabulosas fiestas y que el 2012 sea tan genial como cada uno desee.

¡¡FELIZ 2012!!

anitaK[SW]

domingo 27 de noviembre de 2011

Recuerdos desde mi jardín...

Detesto despertarme bruscamente, como me sucedió esa mañana. El ruido de máquinas me sobresaltó, hasta que recordé que era el día en que viene el jardinero. Al regresar del trabajo me preparé un trago corto, tomé una servilleta para apoyar el vaso y salí al jardín a sentarme en la hamaca mientras disfrutaba del panorama. Disfruto el día que viene el jardinero; todo se ve limpio, impecable y sin hojas. Es primavera, por lo tanto me gusta deleitarme con la variedad de flores y colores…
Me fui a servir otro trago, pasé por la cocina, y al regresar mi vista se topó con el cerco que me separa de la casa de los vecinos. Sonreí, recordando cuando recién me había mudado y los patios traseros estaban divididos por una pequeña valla. En aquellos días tenía por vecinos a los García y a Nicolás Sacher. Cada vez que iba al patio trasero, a la izquierda estaban los juegos de jardín de los niños de los García, junto al natural desorden que dejaban los pequeños luego de retozar. No me molestaba demasiado, pues siempre sus padres es mandaban recoger y ordenar antes de la cena. Pero no sucedía lo mismo con Nico. No sé si su predio se veía más desordenado al estar junto al mío, siempre estaba ordenado y agradable.
Ustedes se preguntarán por qué no hablé con él. Lo hice, y no una sino incontables veces. Le pedí con delicadeza, con respeto, y de todas las maneras posibles que limpiara y ordenara su patio, pero era inútil. Éramos buenos amigos, y él solía venir a mi casa a charlar, tomar una copa con amigos o compartir películas y pizza. Una noche decidimos jugamos póker de seis; los amigos se fueron retirando hasta que quedamos solos, y entonces se me ocurrió hacerle una propuesta. Me sentía afortunada y le dije:
-¿Por qué no hacemos esta partida realmente interesante y jugamos por algo especial?
-¿Qué tienes en mente? –respondió con una picaresca sonrisa en el rostro.
-Juguemos por prendas. Una sola mano: el que pierda, se convertirá en… algo así como en esclavo del ganador por 24 horas. El único límite será no obligar a la otra persona a hacer algo ilegal o que pueda dañar su salud física o mental.
Me quedó mirando pensativo…
-No sé… ¿qué me harás si pierdo?
-Cosas que me diviertan, que no sean ilegales, y que no te hagan daño… ¿No es eso suficiente? ¿O es que no confías en mí? Yo confío en ti, sé que no me harás daño.
-Y… ¿te podré usar como mi esclava sexual?
Mi risa retumbó en la habitación. Teníamos edades similares, aunque yo era unos años mayor que él, y aunque nunca habíamos tenido más relación que de amigos, ambos sabíamos que sentíamos mutua atracción.
-Te repito, Nico: nada ilegal o que pueda dañar la salud. El ganador manda, el perdedor obedece. Nos conocemos hace años, confiamos en el otro. ¿A qué le tienes miedo?
-Está bien, está bien… Me convenciste… Comienza a dar cartas.
-Una última regla: una vez que comience a dar cartas, no habrá vuelta atrás. No nos podremos arrepentir… ¿Aún estás seguro de querer jugar? ¿Palabra de honor?
-Por supuesto que sí. Vamos…
Comencé a barajar con habilidad de tahúr. Nunca le había contado a Nico que mi padre había trabajado en varios casinos y me había enseñado a tallar las cartas, además de varios trucos.
-Oye… ¡Eso es trampa, es jugar sucio! –me dijo mientras me señalaba con su índice, sin perder de vista el mazo de cartas que iba de una mano a otra, era abierto sobre la mesa para terminar nuevamente en mis manos, o manejaba con una sola mano.
-Corta… -ordené sin titubear.
Ganarle fue muy, pero muy fácil, y de más está decir que mis trucos eran más limpios que su jardín trasero. Recogí el mazo de cartas y levantándome de mi silla, le dije:
-Ahora vete. Mañana es sábado y pienso cobrar mi deuda contigo. A partir de las 8 de la mañana comenzarás a ser mi esclavo. Te recomiendo que descanses mucho… -Le abrí la puerta para que se marchara, y cuando pasó delante de mí le di una sonora palmada en su delicioso trasero. Sí, admito que me gustan los traseros masculinos, y Nico tenía uno verdaderamente atrayente.
Tuve que tocar el timbre y la puerta varias veces antes de que me abriera. Apareció en la puerta con el torso desnudo y calzoncillos blancos de algodón. ¡Se veía tan sexy!
-Vaya… No comenzamos muy bien –dije dirigiéndome a la cocina-. Quiero desayunar, ya traje el pan para que no tengas que salir; más vale que te apures. Quiero café, zumo de naranjas, mantequilla, dulce… y lo que se te ocurra.
-Te lo tomaste muy en serio ¿no? –Su sonrisa burlona se borró de su rostro cuando miró el mío.
-Pensé que te conocía, Nico. También creí que eras un hombre de palabra, pero veo que me equivoqué…
Cuando estaba llegando a la puerta para irme, me detuvo y se disculpó.
-Perdóname, Vicky. No te vayas, cumpliré mi palabra.
Vacilé un momento antes de girar sobre mis talones:
-Está bien, comienza entonces a obedecer y prepara el desayuno. Tenemos un largo día por delante…
Luego del desayuno, yo sentada y él parado, le dije que debía ordenar y limpiar la cocina. Lo hizo, luego de un gesto de desagrado. Me gustaba aquello de estar sentada mientras aquel hombre joven y semidesnudo se movía por el lugar, guardando utensilios, acomodando comestibles y lavando la vajilla. Acepto que la cocina quedó reluciente. No estaba sucia, sólo desordenada, así como el resto de la casa.
-Bien, quedó muy bien… ahora vamos a lo que más me interesa: tu fondo.
-¡Uffff…! Vamos, Vicky, ya no me fastidies… Creo que como broma fue suficiente.
Lo miré fijamente antes de hacerlo aterrizar sobre mis rodillas y comenzar a nalguearlo.
-Escúchame muy bien, Nico, porque lo diré sólo una vez: hicimos un trato y ambos aceptamos. Estuve a punto de irme y me detuviste… -otra oleada de azotes cayeron sobre sus nalgas-. No te daré una tercera oportunidad. ¿Cumplirás tu palabra y me obedecerás, o prefieres que me vaya?
-Está bien, está bien… lo haré. Pero al menos permíteme protestar… -Tuve que sonreír ante semejante pedido, pero él no pudo verme.
-Protesta todo lo que quieras, llora, patalea, grita… pero obedece, o te haré obedecer a costa de ponerte el culo color carmín. – Me sorprendió su risa, pero yo sabía que su sorna terminaría con el día…
Continué azotándolo, a pesar de que corcoveaba y protestaba, pero aún así podía sentir el calor de sus nalgas que atravesaban la delgada prenda interior. Cuando sintió que le estaba bajando sus calzoncillos, trató de detenerme…
-Si haces eso una vez más, no sólo me iré, sino que no me volverás a ver… -Me soltó la mano y me dejó continuar. Descubrir sus nalgas fue algo grandioso. Se veían masculinas y musculosas, pero sin exagerar; ya tenían un bonito color rojo y sin la prenda interior, su virilidad se hacía patente sobre mis rodillas.
Continué mi azotaina hasta que aquellas nalgas adquirieron el brillo que yo deseaba. Luego me di el gusto de pararlo en un rincón, con las manos sobre su cabeza, mientras que yo lo observaba, avergonzado por la situación. Le di un short y una sudadera antes de enviarlo al fondo a limpiar y cortar el pasto, mientras yo preparaba el almuerzo. Disfruté muchísimo su cara cuando lo llamé a almorzar y me encontró en la mesa que yo había preparado con los platos… para un solo comensal: yo. El plato y vaso de Nico estaban a mi derecha, y tuvo que comer en el suelo, como lo haría un esclavo.
El día siguió adelante y mi esclavo recibió infinidad de órdenes, todas con el fin de poner su casa en mejores condiciones. El jardín trasero estaba impecable, y cuando llegó la noche llevé a mi esclavo al baño, y lo obligué a bañarse delante de mí, cosa que le causó bastante vergüenza, pero que a mí me divirtió mucho.
Cuando terminó y salió de la ducha, mojado como estaba, lo hice apoyarse en la pared, con las piernas abiertas y lo azoté con el cepillo de ducharse. Era de madera dura, y dejó pequeñas marcas ovaladas que desaparecieron en poco rato, pero sé que el azote sobre la piel mojada duele bastante más. Luego le puse una crema refrescante, y aproveché para sobar sus partes más íntimas, sabiendo el pudor que le causaba que yo hiciera eso. Luego vino otra vez el rincón, y mientras que estaba allí de rodillas:
-Estás estupendo en esa pose. Ahora vendrán mis amigas para que disfruten de ti… -No había terminado de decirlo, cuando me miró como suplicando que no le hiciera eso, pero yo me mantuve indiferente.
Sin que él se diera cuenta, hice sonar mi móvil.
-¡Hola, Flavia! –mi voz se mantuvo en un tono normal, pero tratando de que él me escuchara- ¿Cómo?... ¿Cómo que no podrán venir?... Ah… más tarde entonces, está bien… Sí, a esa hora ya habremos regresado de la cena. Las espero…
Estaba nervioso cuando lo fui a buscar y lo hice envolverse en la toalla; fuimos a su dormitorio, donde tuvo que desfilar para que yo eligiera la ropa que usaría aquella noche.
Salimos a cenar en un restaurante muy bonito, donde había camareras y aproveché la oportunidad para humillarlo, aunque ellas pensaban que era broma.
-¿Qué se van a servir?
-Para mí, quiero langosta y champagne de entrada. Mi esclavo sexual tendrá que pagar esta noche… -le dije a la chica que nos atendió, que se reía mientras me escuchaba- Te recomiendo que te consigas uno, es de lo más divertido. Trata que sea como este, que lava, limpia, cocina y tiene una especialidad: es muy ordenado. Además, tiene un cuerpo hermoso y unas nalgas de concurso…
Los colores de su rostro cambiaban con cada frase que yo decía. Quiero destacar que durante todo el día, y también a la hora de la cena, se comportó como lo que es: todo un caballero.
Al regreso, cuando abrió la portezuela del auto y me ayudó para que descendiera, me colgué de su cuello y lo besé apasionadamente. Saqué la llave de mi casa y tomándolo de la corbata le susurré al oído:
-Apenas es medianoche, aún soy tu dueña por varias horas más… Y debemos esperar a mis amigas, que llegarán en cualquier momento.
No se resistió cuando lo até a la cama, ni tampoco cuando le vendé los ojos… Fui corriendo hasta la puerta de calle, toqué el timbre y puse a funcionar una grabación que tenía de una reunión de mis amigas. Subí otra vez al dormitorio y grité desde la puerta:
-Bien Elisa… allí está. Es todo tuyo…
Me había quitado las medias y como no tenía perfume, me puse uno muy suave detrás de las orejas. Como Elisa, me dediqué a torturarlo con una pluma, pasándosela por todas partes, e incluso haciéndole cosquillas y hablándole al oído. “Elisa” no lo perdonó y tuvo sexo con él.
-Según Elisa eres maravilloso -le dije cuando ya me había convertido en otra mujer-. Julia, es todo tuyo…
Julia se dedicó a hacerle masajes, con aceites aromáticos y cremas, pero se lo dejó preparado a Silvia, la más lujuriosa, quien lo montó como una amazona libidinosa.
Cuando “Silvia” se fue, lo desaté y le ordené que por ningún motivo se quitara la máscara y que se quedara en la cama. Aproveché para ir a darme una ducha revitalizante, y regresé. Le quité la máscara y le ordené que se fuera a duchar y que regresara…
Aquella noche le hice sentir diferentes sensaciones, sin perder jamás de vista su “termómetro”, que me indicaba exactamente su estado de excitación.
Me gustó ponerle una correa y pasearlo por toda la casa, pero el momento más delicioso para mí fue cuando me dio placer con su boca. Ambos estábamos muy excitados; mi vecino tuvo un desempeño maravilloso a pesar de haber satisfecho a todas mis “amigas”. Y mientras disfrutaba pensaba en todo el tiempo que había perdido al no haber aprovechado más a aquel hombre maravilloso.
Fue una noche genial, donde me sentí fabulosa llevando adelante la situación y dominando a un hombre que me había regalado su confianza y estaba entregado enteramente a mí. Cuando dieron las 7 de la mañana, se levantó sin decir nada; me trajo el desayuno a la cama en una bandeja, con una flor de su cuidado y limpio patio trasero, que de allí en más me encargaba en persona de que lo mantuviera cuidado, al menos, una vez por semana...

domingo 25 de septiembre de 2011

¡¡Feliz Cumpleaños, Sir Williams!! por Nik Zula

"...Caramba, Sir Williams... pase nomás si desea repetir su fallido exámen de equitación... Eso sí, no entiendo para qué quiere el rebenque... ¿cree que es el pobre caballo el culpable de su fracaso?"

El 25 de setiembre fue el cumpleaños de Sir Williams, mi Amo. Para esta ocasión le pedí al magnífico dibujante de Spanking, Nik Zula, que hiciera un dibujo para obsequiarle y este fue el resultado.
Quiero resaltar que él vende sus dibujos, pero esta vez su trabajo fue un regalo para Sir Williams, gesto que agradecemos profundamente.
Un saludo,

anitaK[SW]

viernes 26 de agosto de 2011

Juguemos a un juego...


Nos gusta jugar, y más si se trata de BDSM. Y más aún si el juego se trata sobre escribir una historia que envuelva una situación relativa a nuestros gustos y fantasías. Así que hacemos llegar nuestras felicitaciones y agradecimiento a los amigos de BDSMWord (http://directorio-blogs-bdsm.blogspot.com/) por la genial idea, y por supuesto a Ikana por habernos elegido para escribir el quinto y último capítulo de esta historia que nos fue atrapando a todos desde el primero.

Queremos también felicitar a quienes escribieron los capítulos anteriores:
Para el primer capítulo:
el blog de Amo y sumisa  http://confesionesdeamoysumisa.blogspot.com/

Para el segundo capítulo:
El Señor de la Mansión http://mansiondelaluz.blogspot.com/

Para el tercer capítulo:
Rosaida http://jardinydelicias.blogspot.com/
Patty C. Marín http://cuentosin.blogspot.com/


Para el cuarto capítulo:
Ikana, de Mi lado oscuro y libertino http://semillaoscura.blogspot.com/
Dulce Cautiva, de El club de las escritorias http://cautivadaporunvampiro.blogspot.com/

Para el quinto capítulo:
Alexia{All} http://atuspiesmesientoasalvo.blogspot.com/
Sir Williams y anitaK[SW] http://desdelamazmorrademisfantasias.blogspot.com/

Bueno… Como tuvimos el honor de ser los últimos en escribir junto a Alexia{All}, no tenemos que elegir a quienes nos sucedan. Así que por nuestra parte, dejamos terminada la historia. Mi Amo, Sir Williams, me dio
 las ideas que traté de plasmar aquí lo mejor posible. Esperamos que sea del agrado de todos ustedes.

Saludos,

Sir Williams, anitaK[SW]



Quinto Capítulo: Encrucijada final

¿Qué significaba para ella ser una buena sumisa? ¿Entregarse? ¿Obedecer? ¿Hacer feliz a su Amo? Lo que le estaba pidiendo era una prueba muy dura… Quería complacer a su Dueño, pero… dudó. Le estaba mandando lamer su pene, y ella lo hubiese hecho de inmediato si su propio ano no hubiese sido la vaina de esa espada firme y deliciosa que había sentido y gozado dentro de ella en su orificio más oscuro.
-¿Qué sucede, Eva? ¿No vas a obedecerme? –La voz retumbó en el recinto.

La sumisa cerró los ojos, acercando su boca al falo del hombre que la había complacido tanto y a quien no deseaba decepcionar. Cuando la lengua estaba a punto de tocarlo…

-¡Espera! No… no lo hagas. Te estaba probando, querida sumi. Ven… -La voz de Pablo se suavizó-. Hasta ahora me has complacido sexualmente, pero llegó el momento de sentir las otras emociones del BDSM. Quiero que te pares y te pongas con la frente apoyada en la pared; las manos entrelazadas detrás de la nuca…Ningún otro punto de tu cuerpo tocará la pared… Piernas separadas y en punta de pie… Y te quedarás en esa posición hasta que te duelan los muslos…

La excitación de Eva era evidente; aquella sensación de sentirse dominada se acrecentó y seguía aumentando a medida que debía esforzarse para mantener la posición indicada. Cuidaba que sus senos no rozaran la pared, y que los codos se mantuvieran en su lugar a pesar del cansancio. Por su parte, el Amo buscó en el bolsillo de su americana un pañuelo de seda, al que lentamente envolvió hasta convertirlo en una venda y con ella tapó los ojos de su sumisa.

El cinturón volvió a sus manos para azotarla con suavidad entre las piernas, alternando con otros golpes más fuertes sobre las nalgas. Luego, se apoyó tras ella, hablándole al oído en un susurro mientras sus manos pellizcaban los pezones:

-¿Sientes dolor? –Las palabras se convirtieron en una cálida brisa que acarició la nuca de Eva. Al no obtener respuesta, siguió apretando cada vez más, hasta que la hizo gemir de dolor…

La mano derecha de Pablo se dirigió a la cabeza de la mujer; tirando su pelo hacia atrás la atrajo hacia su rostro e introdujo dos dedos en su boca, los que fueron acariciados con la lengua de la joven.
-Hasta ahora sentiste placer y dolor –la voz se tornó amenazante, pero Eva no sentía temor, sólo ansia de llegar más lejos-. Ahora iremos al sótano de mi casa, donde tengo mi mazmorra preparada. Si me acompañas, descubrirás el miedo, la sorpresa, el llanto y la risa, la entrega y la sumisión junto a muchas emociones más. La pregunta es… ¿Te animarás a seguirme? Llegó el momento que decidas si te quedarás a mi lado o te irás para no verme nunca más…

-Lo seguiré a donde usted indique, mi Señor –respondió veloz y con seguridad-. Yo le pertenezco.

La mazmorra estaba en penumbras. Un “Desvístete por completo” se oyó de entre las sombras. Cuando Eva comenzó a quitarse el vestido, Pablo se dio a la tarea de prender infinidad de velas que tenía por todo el lugar.

Le colocó un collar con una cadena, y tirando de ella la llevó hasta la cruz de San Andrés, donde la ató para colocarle pinzas por varios lados: senos y pezones, cadera, labios inferiores…Una vez que terminó de pinzarla, tomó su fusta y con ella recorrió el suave cuerpo de la mujer. Luego, dando un golpe certero en cada broche, los hacía volar hasta estrellarse contra el suelo. Eva dudó por primera vez sobre preferir el dolor de ese elemento en el cuerpo, o lo que se siente cuando es quitado en esa forma…

Cuando hubo quitado el último, se dedicó a recorrer y acariciar todas las zonas donde había marcas; mientras besaba a la sumisa con fruición, la iba desatando con lentitud.
Nuevamente una venda le quitó la visión y fue llevada hasta la pared, donde sus manos fueron colocadas hacia arriba y sus piernas separadas.

-Ni se te ocurra moverte –le susurró al apartarse.

Al ir colocando las velas en círculo, miró las curvas de la mujer. Tenía una espalda perfecta; las nalgas sobresalían descaradas y desafiantes dejando entrever la húmeda brillantez de su vulva.

Con la venda aún en sus ojos, caminó por donde el Amo le indicaba y se tendió en el suelo, obedeciendo a su Dueño.

El grito se oyó fuerte, producto de una mezcla entre sorpresa y dolor cuando las primeras gotas de cera caliente cayeron sobre sus senos, dibujando figuras sin sentido. A veces simples gotas se estrellaban sobre la piel, salpicando otras zonas del cuerpo y el suelo. A veces eran chorros que parecían perforarle la piel, pero sólo por unos segundos. Estaba vendada y eso le impedía ver el momento en que la cera caía. Sus senos, su vientre y su Monte de Venus recibieron la ardiente tortura de las velas.

-Ahora… en cuatro patas –sentenció el Amo, que observó con deleite la rapidez con que era obedecido.

Esa vez fue la espalda y las nalgas quienes recibieron la lluvia de cera, que una vez fría fue quitada por las puntas en remolino de un látigo de nueve colas. Pero lo mejor para el Amo fue meter una larga vela en el ano de su propiedad. Al principio se la colocaba metiéndola apenas, con toda la intención de que se le cayera, para luego introducirla hasta más de la mitad y encenderla. La visión era maravillosa, y Pablo la grabó en su memoria para luego recordarla una y otra vez.

-Quédate en esa posición –susurró mientras le daba pequeños besos en la mejilla-. Ahora, sumisa mía, te voy a torturar de verdad…

Se alejó unos pasos, siempre vigilando que la vela encendida no hiciera daño a Eva. Así permaneció varios minutos, observando el nerviosismo de la joven, que apenas se movía de su posición original. Cuando le pareció apropiado, se acercó para quitarle la vela del ano, aprovechando para acariciarla y masturbarla tocando su vulva, concentrándose en su clítoris, metiendo y sacando sus dedos de la cuevita. Pero Eva había aprendido la lección: no llegaría al clímax sin el permiso de su Amo.

La sentó en una silla, con las piernas abiertas y estiradas, las puntas de los pies hacia el techo y las manos en la nuca. Se veía tan indefensa… Con los ojos todavía vendados, comenzó a rozarla suavemente con una larga pluma que arrancó una sonrisa en el rostro de la sumisa. La sonrisa se convirtió en risa y la risa en carcajada. Otro aprendizaje más: una pluma puede ser una verdadera tortura si se la usa con sadismo y por un tiempo prolongado, pero… No era torturar lo que deseaba Pablo, sino hacerla gozar como hasta ese momento en que Eva se fue deslizando de la silla hasta terminar en el suelo, donde la hizo suya una vez más.

El gozo se transformó en una nebulosa que logró transportar a la novel sumisa hasta el subspace, de donde con sumo cuidado y ternura fue traída de regreso a la realidad.

A la hora de la despedida, Pablo besó sus labios con infinita devoción, recibiendo un “gracias” sincero y sentido por parte de Eva. El Amo quiso corresponderle, y corriendo el cabello de la oreja de su posesión, le dijo suavemente:

-Te espero… mañana a la misma hora.

martes 16 de agosto de 2011

Un comentario...

Estoy escribiendo este post a pedido de una gran y querida amiga: Domme Lili. Y aprovecho la oportunidad para saludar a la Señora y a su sumisa miri{DL}.

Domme Lili siempre me dice que hay personas a las que les gustaría escribirme personalmente, otras a quienes les agradaría dejar un comentario y/o crítica sobre lo que leyeron, pero ninguna se anima.

Quisiera encontrar las palabras adecuadas para poder explicarles cuánto nos agrada a los escritores que tenemos una página como esta, los comentarios de los lectores. Por mi parte puedo decirles que no espero comentarios o críticas elogiosas o positivas, sino saber lo que realmente cada uno sintió al leer el relato, qué le pareció, si haría algún cambio o si le gustarìa algo en especial. No es que haga relatos a pedido, pero... me gusta escuchar a mis lectores. Lo  que no tolero bajo ninguna circunstancia es la falta de respeto.

Así que si alguien desea escribirme en forma personal, puede hacerlo: anitak810@gmail.com.  Es más: se lo agradeceré!

Un saludo,

anitaK[SW]


domingo 7 de agosto de 2011

Compartir... por el 8/8, Día Mundial del Spanking

Este relato forma parte de un cuento que quizás algún día lo convierta en libro, pero por ahora quiero compartirlo con ustedes festejando el 8/8, Día Mundial del Spanking. Como esto es sólo un fragmento, me pareció necesario escribir una sipnosis para que sepan cómo se viene desarrollando.

Un abrazo!


Sipnosis: El Barón Gonzalo Bosch junto a su secretaria y amante Anna Salvat, viajan en un crucero de regreso a su Barcelona natal, desde New York. En el viaje conocen a Bernard Dupreck y a su traviesa sobrina Babette, una jovencita de 19 años -según ella misma le dijo a Anna-, rebelde y malcriada, a la que la pareja accede educar durante la travesía.



(…) No se dio cuenta en qué momento se quedó dormida. El suave balanceo del barco sirvió para acunarla, hasta que los fuertes golpes en la puerta la despertaron sobresaltada, y los golpes insistentes la pusieron de mal humor.

-Un momento… -el rostro enojado de Gonzalo la sorprendió al abrir la puerta. Venía acompañada de un hombre de aspecto bohemio y tironeaba del brazo de Babette, que se negaba a seguirlo. La somnolienta Anna flanqueó la puerta para que pasaran, y una vez dentro del camarote…

-Madame Salvat, le presento al signore Carluccio da Montorfano, científico italiano que investiga leyes físicas. –El hombre la saludó con una leve inclinación.

-Piaccere –dijo educadamente Anna.- Pero no comprendo, señor Barón. ¿Qué ha sucedido?

-Iba caminando por cubierta cuando reconocí de espaldas a esta… señorita. Me acerqué a saludar y el signore, que iba delante de mí, le habló primero preguntándole educadamente si le podía indicar dónde estaba la comisaría del barco. Fue entonces cuando “su” pupila, Madame –recalcando el “su”- le contestó de forma grosera y en el tono más irrespetuoso e inimaginable, indicándole que ella “no trataba ni hablaba con gentuza de clases inferiores”.

-¿Cómo? –el tono de indignación de Anna dejaba más que claro su parecer- ¿Es eso lo que has aprendido en todos estos días, Babette? Discúlpate de inmediato con el caballero o... –dio la frase como terminada, esperando que la joven le pusiera el final en su mente.

-No lo haré porque… -fue interrumpida por Anna quien se dirigió a los hombres.

-Disculpen un momento caballeros. Por favor, tomen asiento mientras hablo unas palabras con mi pupila.

-Signora… -interrumpió el italiano- yo me retiro. No hace falta que la joven se disculpe, la juventud moderna… ya sabemos cómo es. Tengo que continuar mi trabajo antes de llegar a España y estoy retrasado. Con su permiso, seguiré buscando la comisaría.

-En ese caso signore da Montorfano, yo lo conduciré hasta allí. Luego regreso –respondió el Barón, dejando en claro su intención de volver.

Cuando las dos mujeres quedaron solas:

-Bueno, bueno, bueno… Parece que esta vez te la has ganado con creces, Babette. Prepárate porque el castigo será inolvidable. –La mirada penetrante de Anna traspasaba la mente de su pupila, quien interiormente lamentaba el error que había cometido.- Por otro lado, tendrás la dicha de que pruebe en ti algo que he aprendido. Desnúdate ahora mismo.

Después de azotarla sobre las rodillas directamente con el cepillo, la ató de una lámpara que estaba alta y firme en una de las paredes del camarote. Metiendo su pie entre los de la jovencita, le indicó que abriera las piernas, dándose el gusto de recorrer su cuerpo, de explorar sus rincones y de conducirla a la gloria para traerla de regreso a la realidad, varias veces durante la azotaina.

Cierto momento en que los ojos de ambas mujeres se cruzaron y sus rostros se acercaron lo suficiente para que sus labios se rozaran, llegó el primer beso hallándolas sedientas una de la otra, ardientes, casi descontroladas. Anna se colocó contra la pared, atrayendo hacia ella el cuerpo juvenil y recorriendo la seda de su piel. Cambiando de posición, se puso detrás para poder seguir acariciando, pero la puerta se abrió de golpe, rompiendo la intimidad

El Barón miró el trasero de Babette donde no cabía un azote más. Observó dónde y cómo estaba atada y lo aprobó con el pensamiento. Tenía las manos hacia arriba, piernas separadas y una soga que pasaba por su cintura, bajaba por la vulva y subía entre las nalgas para ir a parar nuevamente al lugar de origen. La cuerda también rodeaba la cadera haciendo algunos dibujos que embellecían el cuerpo y la pose de la jovencita.

-Pero bueno… ¿de qué me perdí? –preguntó sorprendido.

-No de mucho. Aún le falta la vara, pero estoy algo cansada y preferí que lo hiciera usted. También faltó esto –era un grupo de bolas chinas y un plug.

-Comencemos entonces. Pero antes dime algo Babette… ¿cuántos años tienes?

-Ya se lo dije a Madame… 19 años. ¿Quiere ver mi pasaporte?

-No en este momento, precisamente… -dijo mientras le iba introduciendo los juguetes ayudado por Anna, que había aflojado los nudos para facilitarle el trabajo.

<<¿Para qué es este nudo? –preguntó el Barón cuando estaba introduciendo las bolas en su vulva.

-Ese nudo queda exactamente encima de su clítoris. El menor movimiento hace que se friccione contra él, dando como resultado… -no terminó la frase.- lo que ya se imaginará.

-Buena idea, Anna. Felicitaciones –colocando el plug en el apretado ano de Babette.

Cuando terminó con el último nudo, las manos de Anna se deslizaron por la cintura hasta el estómago, cortando camino para llegar a los senos y apretar los pezones henchidos de lujuria. La prisionera tiró la cabeza hacia atrás moviendo un poco sus caderas y lanzando un pequeño grito. La boca de Anna se pegó en su oído susurrando:

-No grites, o te pondré una mordaza –y retorció fuerte los pezones, disfrutando del ahogado grito de placer de la francesita.- Señor, aquí tiene la vara, puede comenzar cuando guste.

Tomó la vara y la hizo estrellarse contra la piel de la joven. La joven se movía y de vez en cuando el hombre susurraba en el oído de víctima, frases inaudibles para la observadora.

Para sorpresa de las damas, con fusta en mano, comenzó a dar suaves golpes en su vulva, haciendo que el nudo rozara y golpeara suavemente el clítoris, encendiendo aún más los deseos de Babette, sin permitirle llegar al orgasmo. De repente comenzó a desatarla y Anna, que comprendió el mensaje, lo ayudó. Le quitaron los juguetes y le ordenaron que lavara todo, lo secara y se vistiera.

-Te espero mañana como todos los días. Puedes irte después de agradecernos por ocuparnos de tu educación.

-Gracias a ambos por educarme. Permiso para retirarme.

-Retírate –agregó Anna.

Los días siguientes sirvieron para hablar de las diferencias sociales, la discriminación, el feminismo y la feminidad. Para dejar más claro el último concepto, Babette debía aprender a caminar con dos libros en la cabeza sin que se le cayeran, por supuesto. Cada caída era un varazo.

Los días seguían pasando; habría un baile de despedida con vestimenta de gala que se haría aquella misma noche.

Anna lucía encantadora envuelta en un vestido largo, de seda drapeada color champagne que había adquirido en New York. El Capitan del barco la había elegido junto al Barón para que oficiaran de anfitriones en la fiesta. Ella era una anfitriona perfecta que adornaba el saludo protocolar con una chispeante simpatía. Recordaba los nombres de las personalidades más importantes, los lugares que les correspondían, presentaba a unos con otros y, siguiendo el protocolo siempre se ubicaba un paso detrás del Barón, elegantemente vestido de riguroso smoking. Pero en realidad, el alma de la noche era Babette.

La muchachita bailó, se divirtió y… se emborrachó. Sobre el final de la fiesta, Anna la ubicó cuando se marchaba junto a Renato, un jovencito de su misma edad, italiano y con cara de libidinoso perenne. La institutriz había advertido al Barón y al tío sobre comportamiento de la joven, así que cuando salió, le hizo una seña a Gonzalo para dejarle saber que la seguiría.

Una vez en cubierta, la envolvió una fresca brisa marina; la noche estaba limpia y estrellada; la luna era una enorme bola blanca y resplandeciente que reflejaba su belleza y su luz en el mar. Anna no se dejó seducir por el encanto del paisaje nocturno y comenzó a buscar por todos lados a los desaparecidos jovenzuelos. Al pasar por uno de los tantos pasillos del buque, oyó y siguió unos gemidos que se escuchaban a distancia. Se encaminó despaciosamente hasta un rincón, divisando la pareja fugada del baile. A pesar de la penumbra, las figuras se reconocían fácilmente, recortadas en la oscuridad: la cabeza de Renato tirada hacia atrás, con la boca semi-abierta, el tronco arqueado y las rodillas flexionadas, soportando el peso del cuerpo. Sus manos estaban sosteniendo la cabeza femenina que con cada poderoso embate, engullía despiadadamente su pene. Babette estaba arrodillada con el vestido remangado a la altura de su sexo, los pechos fuera del amplio escote por donde se escurría lo que caía de su boca, ocupada en mojar y hacer crecer al máximo el falo de su compañero.

El golpe en el brazo fue apenas registrado por Renato. Fue necesaria una fuerte bofetada, impartida con la mano extendida, para que abriera sus ojos y lo sacara del estado de excitación en el que se encontraba, aunque seguía sin comprender qué pasaba. Alguien le retiró las manos de la cabeza femenina y le aplicó otro sonoro sopapo sobre el rostro, que terminó por traerlo a la realidad.

-…y debería darles vergüenza. Tú, Renato, vete de aquí antes de que te denuncie por aprovecharte de una jovencita –El asustado muchacho intentaba subirse los pantalones y ropa interior, sin acertar asirlos debidamente.

-Madame… yo… ella me trajo y… en realidad… -las frases balbuceantes salían más rápido de su boca que de su mente.

-Dije que te marcharas. ¡Ahora! –El mozalbete, subiéndose la ropa, huyó sin dejar rastros. Entonces Anna volvió su rostro a Babette, que alcoholizada como estaba, no podía siguiera ponerse de pie.- Y tú, Babette, te vienes conmigo –le dijo levantándola más por el cabello que por el sobaco. Como pudo, le metió los senos dentro del vestido, le acomodó la ropa y tambaleándose, se dirigieron al camarote. En el camino, la joven vomitó tres veces en el mar.

Llegando a la habitación, se cruzaron con el camarero y Anna ordenó que le trajera café muy fuerte, como para sacar una borrachera. Ya curado de sorpresas, sonriéndose al ver el estado de Babette, el sirviente salió rumbo a la cocina a cumplir con el pedido.

Dejó la puerta del camarote entreabierta y a la borracha sobre un sillón, para luego dirigirse al baño, preparando la bañera con agua apenas tibia, casi fría. Regresó a la habitación y como pudo, fue desvistiéndola para llevarla al baño casi a los tumbos; cuando llegó al borde de la bañera, la sentó en el borde tomándola de la cabeza para evitar que se golpeara y… la tiró dentro de golpe. La impresión fue tan grande que abrió los ojos e intentó salir de aquel lugar. Imposible… su cabeza fue hundida varias veces, por pocos segundos. Luego de eso vino el segundo problema: intentar sacarla de allí, cosa que logró luego de varios intentos fallidos. Cuando salió, se dio cuenta que no tenía con qué secarla, pero… allí estaba Gonzalo con dos enormes toallas, esperando a la jovencita.

-Ve Anna y trae el café. Tengo más fuerza que tú para cargar con esta bribonzuela –dijo mientras la envolvía y la llevaba hasta la cama. Allí fue realmente donde el hombre pudo observar y gozar visualmente del bello cuerpo de Babette, que parecía más una muñeca sin vida propia.

El café estaba caliente, amargo y muy fuerte. La primera reacción de Babette fue el rechazo, pero de una forma u otra, le obligaron a tomar tres tazas de aquel líquido amargo; aún así fue imposible hacerla reaccionar, así que le armaron una improvisada cama en el suelo y allí la dejaron durmiendo hasta el día siguiente.

Cuando el sol se coló en el camarote, la adolescente intentó abrir los ojos, pero todo le daba vueltas y la cabeza se le partía de dolor.

-Buenos días, señorita –oyó decir una voz femenina.- Parece que la fiesta de anoche fue completa, ¿verdad? Baile, alcohol, hombres, sexo, … ¿qué te faltó, Babette, además de comportarte como una dama?

-Yo qué sé… Cállese, no me grite… me siento mal.

-Siéntate –ordenó alguien con voz varonil.- Tómatelo todo, de un golpe y sin hacer muecas. Anna y yo iremos a desayunar mientras eso te hace efecto; quédate en la habitación y espera.

El color del brebaje era indefinido y sabía a diablos, pero la jovencita reconocía que había hecho las cosas mal y le convenía obedecer, así que se tomó aquello sin protestar y se acostó en la cama, esperando el regreso de sus verdugos.

Increíblemente, comenzó a sentirse mejor. Ya no tenía ese estado de náuseas, y el dolor de cabeza se le había pasado. Se levantó de la cama sin marearse así que aprovechó para tomar un baño. Estaba envolviéndose en la toalla cuando entraron Anna y el Barón.

-Bien –dijo Gonzalo-, ha llegado tu hora jovencita.

-Ven hasta aquí –señaló Anna. Cuando Babette se ubicó en el lugar que se le había indicado, Anna le quitó la toalla dejándola totalmente desnuda y se sentó al lado del Barón-. Durante todo este tiempo, he tratado de enseñarte muchas cosas. No sé si habrás aprendido algo, o si te interesó en algún momento el empeño que puse en ti. Solo quiero que sepas que te he tomado afecto y que anoche me asustaste. ¿Tienes idea de los riesgos que has corrido?

Babette bajó la cabeza y negó en silencio.

-Riesgo de caerte por la cubierta debido a la borrachera. Riesgo de que ese jovencito no estuviera solo, riesgo de que te llevara a una habitación y te hiciera lo que quisiera… Y tantos riesgos más, porque no te podías defender en el estado en que estabas.

-Babette… Tu tío te quiere, se preocupa por ti al igual que tus padres. Quizás vaya siendo hora que te ocupes de ti misma y que te conviertas en alguien responsable –agregó el hombre.

-Lo siento… no había pensado en nada de eso –contestó la niña con tono compungido.

Los reproches continuaron hasta que rompió en llanto. Gonzalo se le acercó abrazándola paternalmente mientras con su mano izquierda cruzaba su espalda y con la derecha le daba pequeñas palmadas sobre las nalgas desnudas, en tanto Anna acariciaba su cabello a modo de consuelo.

-Como comprenderás, Babette, tu comportamiento egoísta e irreflexivo merece un castigo –fue entonces que Gonzalo la soltó para tomar una silla, enfrentándola con la cama. Luego se sentó en la cama y le pidió a Anna que se sentara frente a él, de forma tal que sus rodillas se tocaran.- Babette, ven. Colócate sobre nuestras rodillas.

Una vez que la jovencita se hubo ubicado comenzaron a caer las palmadas sobre sus posaderas desnudas. A veces nalgueaban al unísono, a veces los azotes eran intercalados, pero siempre el dolor era semejante en una y otra nalga. Los corcoveos eran cada vez más fuertes, igual que el rojo de su trasero.

-Levántate y vete al rincón –le ordenó Anna. Allí estuvo unos pocos minutos, de pie, mientras oía los cuchicheos sin entender qué decían. De pronto oyó la voz femenina decir: -Puedes venir, Babette.

Al darse vuelta vio que Anna continuaba sentada en la silla, sosteniendo un cinto doblado que golpeaba contra la palma de la mano. Con una simple seña, le indicó que volviera a tomar la posición anterior, pero con las piernas muy abiertas. El cinto comenzó a golpear los glúteos, cuando Babette vio al Barón pararse frente a ella. Los botones de la pretina del pantalón fueron abriéndose uno a uno mientras que el hombre se arrodillaba, hasta que el falo quedó pegado a la boca de la damita, quien levantó los ojos y entornándolos sugerentemente, comenzó a engullirse aquel erecto pedazo de carne venosa. Anna, en tanto, intercambiaba azotes con caricias, masajeando las nalgas, bajando una y otra vez hasta los orificios, resbalosos de jugos íntimos.

Gonzalo pudo comprobar que Babette sabía lo que hacía, y por cierto, lo hacía muy bien. Anna intercalaba un orificio y otro, mojando ambos, abriéndolos con sus dedos cada vez más expertos.

-Levántate Babette… -ordenó Anna-, y ayúdame a desvestirme.

Obedeció comenzando por quitarle zapatos y medias, luego siguió por el vestido y finalmente la ropa interior. Al bajar sus calzones, se detuvo asombrada a la altura del monte de Venus, que llevaba totalmente afeitado. Se levantó lentamente hasta que sus rostros quedaron enfrentados y fue en ese momento cuando Anna tomó el rostro juvenil, aún con pecas, para besarlo de forma tierna y apasionada. La llevó hasta la cama recostándola con dulzura y dando comienzo a las mutuas caricias, mientras el Barón observaba absorto la escena lésbica.

Aunque se notaba que era Anna quien llevaba el mando de la situación, Babette también tenía sus propias iniciativas. Colocándose encima de su tutora, con extrema delicadeza fue pasando la lengua por su vulva, ayudada por sus manos para abrir la intimidad de Anna para goce de ambas. Pero no duró mucho encima: con un rápido movimiento, la mujer logró darla vuelta en la cama y dejarla apoyada de espaldas, mientras ambas disfrutaban las caricias más íntimas que una mujer puede brindarle a otra.

Anna se sentó apoyando su espalda en la cabecera de la cama, mientras tiraba suavemente de los cabellos de la pelirroja, obligándola a hundir el rostro en su vulva, lamiéndolo con fruición.

Gonzalo, totalmente desnudo, vio la oportunidad de unirse a las damas; de rodillas detrás de Babette, la tomó de las caderas haciéndola hincarse, mientras Anna se aseguraba de que continuara con lo que le estaba haciendo.

Los orificios de la damita estaban mojados y no tuvo el menor inconveniente en penetrarla. El movimiento pélvico de ambos no tenía el mismo ritmo hasta que una fuerte palmada en las posaderas de la joven hizo que se detuviera. A partir de ese momento el hombre tomó el mando de la pelvis femenina, obligándola a seguirlo a su ritmo.

La pecosa tenía bastante experiencia sexual y supo cómo hacer gozar a Anna, logrando que su orgasmo fuese grandioso. Gonzalo, en tanto, decidió dirigir a la joven tomándola de sus senos y apretando sus pezones. En cuatro patas y con los ojos cerrados, Babette gozaba del falo más de lo que recordaba. Pero el estallido no demoró en aparecer cuando la sodomizó, sin contar la ayuda que obtuvo de Anna, que como un reptil se desplazó por debajo de los cuerpos de la pareja hasta tocar con su lengua testículos y clítoris, llevándolos a un orgasmo de apoteosis.

Continuando con aquel encuentro triple, fue el hombre quien se puso boca arriba, dejando que las damas lo consintieran. Babette se concentró en su pene una vez más, mientras Anna buscaba manualmente en su ano el punto que lo haría vivir otro momento de éxtasis. El hombre se contuvo para que fuese Anna esta vez la que disfrutara de su virilidad, en tanto la boca de Babette pasó a ocuparse de los senos y labios de la mujer.

Estuvieron juntos durante varias horas. Ninguno se quejó cuando tuvieron que preparar sus valijas a toda velocidad, mientras el barco atracaba en el puerto de Barcelona. El cansancio había valido la pena, lo mismo que ese viaje maravilloso donde todos habían aprendido mucho.

Se encontraron a la salida, donde el capitán despedía a los pasajeros. Babbete apareció con un paquete que le entregó a Anna.

-Madame… -dijo Bernard en un tono solemne- Mi sobrina y yo queremos agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros. Este es un humilde obsequio de parte de ambos, para que tenga como recuerdo de este viaje. Lamento tener que separarnos aquí, porque me hubiese encantado invitarlos a compartir el cumpleaños de Babette la semana próxima.

-¿Así que la semana que viene ya tendrás 20 años? –preguntó Anna sonriente.

-¿20? No Madame –sonrió divertido-. Yo sé que parece mayor, pero mi pequeña Babette tiene apenas 17 años. Cumplirá 18 y se preparará para su presentación en sociedad…

El Barón y Anna se miraron sorprendidos, mientras la jovencita, entre risas, no pudo disimular la satisfacción que sentía por haberlos engañado de forma tan convincente. Sin apartar la vista de Babette, Anna abrió el paquete: era un cuadro con la foto que le había sacado Bernard cuando partían de New York. La toma era espectacular y ella se veía fantástica con la Estatua de la Libertad de fondo, ambas dentro de aquel marco de nácar, tallado enteramente a mano. Dos obras de arte en un solo regalo.

-Bernard… Esto es una preciosidad –abrazando al fotógrafo, le susurró al oído:- ¡Gracias!

domingo 3 de julio de 2011

Encuesta sobre SM / BDSM

Encuesta sobre SM / BDSM

Las encuestas sobre temas vinculados a formas de conductas menos conocidas o consideradas inhabituales han sido tratadas en pocos sitios y bajo muy diferentes denominaciones según el interés de sus generadores. La dominación/sumisión, el sadismo-masoquismo y el dolor/placer entre otras formas de conducta, existen en un alto número de ...personas en nada diferentes del resto de la población.

La presente encuesta está realizada con el fin de obtener información sobre conductas que se reconocen con frecuencia entre nuestros amigos, vecinos, conocidos, compañeros de trabajo u otras actividades e incluso en variados programas televisivos. Son sólo formas de conducta, de lo que se ocupa la etología (o ciencia de la biología de la conducta), creada oficialmente en 1973, año en que se da el Nobel de Medicina a tres cultores de la misma.

Agradecemos esta colaboración que permitirá conocer este aspecto de la etología, con mayor exactitud, tal como se ha realizado en otros países. Las respuestas son totalmente anónimas y servirán para la valoración estadística, la que se publicará periódicamente.

Maestro Avanlys y equipo de trabajo

viernes 24 de junio de 2011

Esa vieja puta y fría...

...La muerte andaba rondando,
quién sabe dónde andará.
No me dejes alegría,
no te vayas vida mía,
que esta puta vieja y fría
nos tumba sin avisar.
“La muerte”, de José Carbajal


Y esta vez fue a mi madre, a la que “esta puta vieja y fría”, la tumbó sin avisar. Falleció el día 12 de este mes de junio, a los 87 años, luego de una vida de sacrificios, de trabajo y de generoso amor para su familia y todos los que la rodeaban.
Era una asturiana fuerte, una campesina de manos trabajadoras, sencilla, alta, grande y elegante que pasó por este mundo con porte de reina, dejando una huella profunda en el corazón de quienes la conocimos. Con ella aprendí que la distinción y el refinamiento no pasan por el valor económico de una prenda o una alhaja, sino en saber lucirla.
También tuve el privilegio de festejar con mis padres sus 63 años de casados, hasta que mi papá partió. Pero como el 13 de junio cumplían 65 años, creo que mi mamá decidió ir a festejarlos con el hombre de su vida, brindando con un culín de sidra en alguna nube...
Ambos partieron sin enterarse de mis gustos, pero creo que desde donde me están mirando, estarán felices de ver que su hija menor está haciendo lo que realmente quiere y le gusta.
Y para terminar, deseo agradecer a Sir Williams, mi Amo y mi pareja fiel, el hombre que me soportó, me contuvo y me acompañó en los peores momentos de mi vida. ¡Gracias!
Quiero cerrar ahora con un poema que me envió una prima desde España, y que trasmite lo que estoy sintiendo:
¡Quisiera decirte tanto!
y sin embargo no atino.
Se me agolpan las palabras.
Siento…pero no escribo.
Sí. Siento llorar mi alma
porque te añoro y no te veo.
Y siento brotar la rabia
tantos días contenida
por saber que te perdía.

Y el deseo de abrazarte
y de decirte te quiero
Y de hablarte
y de mirarte
y de cogerte las manos.
Y siento… un gran vacío.
Siento pena por tu falta,
y siento rabia por tu suerte.
Siento añoranza de tu risa
Que se la ha llevado la muerte.
Siento….. ¡siento tanto!
que lo vuelco en estas líneas
y te dedico este canto.
JDIANA (1999)


Hasta pronto, amigos.

jueves 24 de marzo de 2011

Las deudas de Pam (primera parte)


 De sus pocos defectos, el sobrepasar el límite de sus tarjetas de crédito en las tiendas de departamentos quizás fuese el peor, o al menos el más notorio para Dámaso, quien harto de pagar importantes sumas por artículos innecesarios, le advirtió a Pam, su esposa y perrita, que sólo pagaría hasta un total de cincuenta dólares. A partir de esa suma ella debería hacerse cargo, lo cual resultaba todo un problema pues estaba sin trabajo desde hacía varios meses.

Dámaso no era de amenazar sino de sentenciar y ella lo sabía; cuando as tarjetas de Pam sumaron la cantidad de U$S 597.48, el hombre se alegró doblemente: primero, porque había gastando menos de la tercera parte, y segundo porque todo salía según su plan. Estaba convencido que Pam no podría estar sin gastar, así que había ideado su castigo detalladamente y el momento de cumplirlo era inminente. La perrita siguió su vida normalmente pues suponía que Dámaso haría lo de siempre: retarla, castigarla, retener sus tarjetas, pagar la deuda y después de una corta temporada, devolvérselas. El verdadero castigo era el período de abstenencia cuando ella iba a las tiendas y sólo podía mirar.

Cuando Pam llegó a la casa aquella tarde, encontró el pañuelo rojo atado en el perchero. Conocía su significado: el resumen de las tarjetas había llegado y sería castigada. Del pañuelo colgaba una nota: “Ve a la cama del dormitorio”. Allí encontró otra nota junto a unas prendas, “Dúchate y vístete”. Tomó una ducha larga, caliente y relajante.

Sobre la cama sólo había unos zapatos bajos, su collar de sesión con las iniciales DD y una túnica corta, transpare

nte, estampada en colores pasteles que igualmente dejaban traslucir todos sus encantos. No había ropa interior, sólo un mensaje dentro de los zapatos: “En el auto hay más instrucciones”. ¿Tendría que conducir por la ciudad casi desnuda?

Cuando estuvo sentada la volante del vehículo, encontró un teléfono móvil con la inscripción: “haz sonar mi móvil y cuelga”. Obedeció.

Un mensaje de texto con la orden de presentarse en cierto lugar fue la respuesta, reconociendo enseguida la dirección: era la casa de Dominante, el Amo amigo de su esposo Dámaso y de ella. Solían sesionar los tres y seguramente esta sería una de tantas, aunque quizás la más recordada fuese la aventura en el taxi.

Mientras que abría con el control remoto la puerta del garaje, recordó sentarse sobre el asiento de piel. Seguramente dejaría el rastro de sus flujos allí, pues se sentía tremendamente excitada. Así que de eso se trataba… El castigo sería entre los tres.

Manejó prudentemente, sorprendió a más de un chofer con su atrevido vestuario y llegó… con diez minutos de retraso. ¿Y ahora? ¿Debía bajar? ¿Esperar a que le abrieran el portón? ¿Cruzar el jardín hasta la puerta? Vaciló, esperó unos segundos y decidió bajar. Cuando cerró la puerta del auto sonó su móvil:

-Mande mi Señor
-¡Entra inmediatamente al coche! ¿Cómo te atreves a bajar y llamar la atención del vecindario? ¿Quieres dejar mal a Dominante? Sube al carro de inmediato y mételo al garaje. ¿Cuándo aprenderás a hacer las cosas bien?

El “click” que dio por terminada la conversación, la hizo temblar. Cuando metió el llavín en la cerradura, miró a la casa de enfrente donde el vecino, con ojos desorbitados, no dejaba de observarla. El portón del garage comenzó a abrirse lentamente y pudo estacionar mientras la puerta se cerraba, dejándola en una casi total oscuridad. La puerta que daba acceso a la casa se abrió y hacía allí se dirigió. Una mano anónima la tomó del brazo y colocó una cadena en su collar. No hizo falta levantar la vista para mirarle el rostro, sabía que era Dámaso, su Señor. Sin dirigirle la palabra, hizo un gesto para que se quitara los zapatos y se pusiera en cuatro patas. Luego le vendó los ojos y la condujo hasta una sala que estaba en completa oscuridad, excepto por una fuerte luz que iluminaba una mesa redonda, donde Dámaso colocó a su esclava, quien no acababa de comprender qué pasaba. Con un tirón sintió cuando le arrancaba a jirones la bata, dejándola completamente desnuda. En ese momento le quitó la venda de golpe, produciéndole una ceguera momentánea por la fuerza de la luz. Pam permaneció quieta, abriendo y cerrando los ojos para acostumbrarse a la luz, con la cabeza baja y en silencio mientras su Amo la rondaba sin hablar. Eso era lo que más detestaba: su reserva. Prefería que la retara, la insultara, le hiciera ver sus errores o la azotara, cualquier cosa menos aquel terrible mutismo.

Dámaso tomó una silla y se sentó mirando fijamente a su esposa mientras apoyaba los antebrazos en el respaldo. Se tomó unos interminables segundos antes de hablar, carraspeó, suspiró, se rascó la nuca y finalmente…

-Te dije que no gastaras más de 50 dólares con la tarjeta... ¿verdad?
-Sí Señor –respondió casi en un susurro la acusada.
-…pero en una muestra de tus arrebatos y caprichitos gastaste doce veces esa cantidad –agregó buscando la mirada esquiva de Pam, que en silencio reconocía su falta.- No voy a tolerarlo, no es la primera vez, te lo advertí: no lo voy pagar con mi dinero. Por lo tanto…

Lentamente se levantó de la silla y recomenzó su caminata en torno a la mesa.

-…tendrás que hacerte responsable y pagarlo con el tuyo. ¡Ah! –exclamó en tono burlón.- ¡Cierto que no tienes dinero! Bueno… no te preocupes porque encontré la solución: en este mismo momento serás subastada y te ganarás el dinero con el sudor de tu... ya sabes qué –agregó tocándole sus nalgas y rozando su intimidad.

Se alejó de la mesa entrando en una penumbra cada vez más espesa, donde su voz salía de un extremo u otro, desorientándola.

-Mi querida perrita… Tengo aquí cinco señores Dominantes dispuestos a ofertar por ti. El que mejor oferte te tendrá a su disposición, sin más límites que los que hagan falta para una sesión sensata y segura. Sólo espero que quien te lleve, te castigue como corresponde…

Tras unos segundos de silencio y desde otro rincón de la sala, surgió nuevamente la voz de Dámaso.

-Olvide mencionar que… si quien pague por tus servicios no queda satisfecho, te podrá ceder al resto de los que pujaron por tí… hasta que todos queden conformes con tu performance.

Los ojos de Pam se abrían sorprendidos, pero los tuvo que cerrar de golpe al prenderse las luces para iluminar el salón. Entre rápidos parpadeos, pudo adivinar las siluetas de seis hombres, de los cuales sólo pudo, después de varios segundos y parpadeos más, sólo a dos: Dámaso y Dominante. El resto le eran totalmente desconocidos, o al menos no recordaba sus rostros.

-Bien, que comience la subasta –exclamó Dámaso acercándose a la mesa donde se exhibía su sumisa.- Señores, comenzaremos con una base de 50 dólares, que seguramente no les parecerá caro si se fijan en el cuerpo de esta magnífica hembra. Tiene un bello rostro con una boca sensual, capaz de hacerles la mejor felatio de sus vidas, mientras ustedes disfrutan de estas estupendas tetas –cada vez que nombraba una parte del cuerpo, la iba tocando y obligándola a tomar posiciones para poder apreciar mejor sus atributos.- De largas extremidades, vientre plano, totalmente depilada y… date vuelta perrita, y abre tus piernas.

No era fácil que Pam se sintiera humillada, pero jamás había sido tratada ni exhibida así. En aquella posición, sus agujeros estaban totalmente expuestos, abiertos y… brillantes, chorreando fluídos. Sí, se sentía más excitada que avergonzada. Dámaso pasó otra vez al frente y abriendo sus nalgas sin pudores, agregó:

-Vean estos agujeros de placer, señores, y no me digan que no merecen la pena…
-100 dólares –lanzó uno de los participantes en un grito, sorprendiendo al resto con la oferta.
-150 –se oyó tímidamente más atrás…
-Ya tenemos 150… ¿quién dice 200? Vamos señores… aún no les conté de sus dotes como esclava. Obediente, sin límites, resistente a los azotes y a las pinzas…
-250… -la voz de Dominante hizo que Pam se sintiera un poco más acompañada en aquel duro momento. Nunca pensó que su castigo sería ese, aunque muchas veces le había confesado a su esposo que la excitaba la idea de ser subastada ante desconocidos.
-Yo estoy dispuesto a subir la oferta, pero exijo que se me permita examinar la mercadería.

¿Había dicho “mercadería”? ¿Es que estaban todfos de acuerdo para rebajarla a tal punto? Pam bajó la cabeza y esperó en silencio, ya que Dámaso había invitado al posible comprador a “examinar la mercadería”.

-Adelante estimado Leather. Revise, examine, toque… no podrá negar que es de primera clase.

La tomó del cabello de la nuca, obligándola a levantar la cabeza. Pam se cuidó mucho de no mirar el rostro del Amo. No la acarició, sino que pasó su mano por el rostro de la esclava y se detuvo en su boca, revisando los dientes como si se tratara de una yegua.

-Chúpalo –le ordenó introduciéndole el dedo mayor en la boca.

La boca se cerró en torno al dedo y la lengua comenzó una danza de caricias envolventes, mientras que una agradable sensación de succión, metía y sacaba el dedo del sorprendido Amo.

-No está mal… 350 dólares –ofreció al pasar mientras se retiraba a su sillón.
-Se los dije señores. Invito al resto de los interesados a que pasen a ver lo que puede ser suyo por unos pocos dólares más. Adelante, con confianza, pasen, pasen…

Los otros tres Amos, Martinet, Omega y Demonium, dejaron sus asientos y comenzaron a rondar a la esclava, que continuaba en cuatro patas y con la cabeza baja.

El primero en tocarla fue Martinet. Pasó la mano por la espalda deteniéndose en la cintura y con la otra palpó los senos, apretando y retorciendo duramente los pezones. Pam dejó escapar un pequejo quejido…

-Vaya, vaya, vaya… Señor Dámaso, ¿no dijo usted que era resistente? ¿Y se queja con un grito porque apreté un pezón? Por favor… esta… pertenencia suya –dijo con tono de desprecio y guiñando el ojo a Dámaso- no vale ni los cincuenta dólares iniciales.
-Lo lamento mucho Martinet, permítame demostrarle que sí resiste. –Obligándola a ponerse de rodillas, le colocó una pinza en cada pezón.- Continúen por favor…
Mientras Omega magreaba las nalgas, Demonium introdujo su dedo en el ano de la esclava, sin ninguna consideración. Allí estuvo hurgando, metiendo y sacando su dedo, que luego fueron dos y hasta cuatro logró meterle. Pam sentía una gran humillación, sus lágrimas caían sobre la mesa pero aún así no se movió ni dijo nada.

-Estimado Omega, debo decir que esta esclava tiene un culo encantador. El resto es todo tuyo… -y se separó un par de pasos para darle lugar a su amigo.

-Hummm… qué mojada está tu perrita Dámaso… se ve que es muy caliente. ¿Cómo puede excitarse tanto con que la toquen, la revisen y la humillen?
-Es más puta de lo que imaginé. Déjame ver… -y se colocó detrás de Pam. De improviso metió dos dedos en su vulva, y los sacó empapados.- No puedo creer… ¿De verdad estás tan excitada como para mojarte así, perrita? Vaya, vaya, vaya…

Dio unos pasos adelante y dirigiéndose a su escasa audiencia, comentó:

-Bien… la última oferta había sido de 350 dólares, pero… comprendo que después de todo esto ya no lo valga. Así que ustedes tienen la palabra…
-Ofrezco tres sesenta –dijo Omega convencido.
-Ante esa oferta, me animo a subir a cuatro –agregó Demonium.
-Cuatro veinticinco –dijo adelantándose Dominante, que era la segunda vez que ofertaba.
-Cuatro cincuenta –reofertó Leather entusiasmado.
-Tenemos entonces la bochornosa cifra de cuatro cincuenta por esta humilde esclava. Vamos señores… a pesar de todo creo que es muy barata, pero si no hay más ofertas… Cuatro cincuenta a la una… Cuatro cincuenta a la dos…
-Cuatro ochenta –gritó Demonium antes que bajara el martillo.
-Eso es apenas un poco más coherente… pero sigue siendo una cifra muy humillante, además de... Les recuerdo que esta esclava debe juntar casi quinientos cincuenta dólares y que está lejos de llegar a esa cantidad… ¿Alguien dice cinco…? Vamos señores, anímense!
-Cinco –ofertó Martinet
-Cinco diez –dijo Omega.
-Cinco veinte y es mi última oferta –y Demonium se sentó como dándose por vencido. El silencio se hizo algo denso, así que Dámaso se calló para dar un poco más de suspenso al remate.
-Cinco veinte a la una… cinco veinte a las dos… cinco veinte… a las…
-Cinco treinta –surgió la voz de Leather.
-Cinco treinta y cinco –desafió Martinet
-Cinco cuarenta –Leather otra vez
-Eso es señores, ahora sí esto es un remate… ¿Alguien ofrece más de cinco cuarenta? Vamos, anímense…
-Cinco cuarenta y uno –ofreció Martinet…
-Cinco cuarenta y cinco. Eso es mi máximo… -agregó Omega
-Señores… última oportunidad antes de bajar el martillo… Cinco cuarenta y cinco a la una –dijo el martillero mirando a Martinet y a Leather que negaron bajando la cabeza.- Cinco cuarenta y cinco a las dos… -y miró a Demonium que movió negativamente la cabeza, como enfatizando su enojo.- …y cinco cuarenta y cinco…

La cabeza de Pam era un hervidero de ideas, desilusiones, fantasías, miedos, excitación… ¿La iban a rematar por cinco dólares y cuarenta y cinco centavos? Entonces… ¿cuántas veces debería ser subastada para llegar a la cantidad que necesitaba? No podía creer que su Amo, su esposo, su amor… permitiera aquello.

-Quinientos cuarenta y siete dólares con cuarenta y ocho centavos –Pam levantó la vista por primera vez. Era su amigo Dominante que la había salvado. Una enorme sonrisa afloró en los labios de la joven, que respiró aliviada.
-Vendida al caballero Dominante. Felicitaciones –dijo Dámaso sonriente.- La esclava es suya…

Dominante se acercó a la mesa y ayudó a la casi entumecida Pam a bajar de allí. Le susurró algo al oído y Pam salió de la sala.

-Amigos… espero que se queden con nosotros para disfrutar el castigo de la esclava de Dámaso. Los invito a mi sótano… por aquí. Mientras vamos bajando, la esclava nos traerá bebidas y algún bocadillo.

El sótano se veía ideal. Tenía un leve olor a humedad y las paredes estaban medio derruidas, con trozos donde los ladrillos habían quedado a la vista. Del techo colgaban ganchos y también había una roldana con una gruesa cadena, como para hacer suspensiones. En las paredes había grilletes, esposas, y una enorme cruz de San Andrés. El mobiliario se completaba con un potro, un cepo y un armario sin puertas, donde se veían los diferentes instrumentos, juguetes sexuales, cuerdas de varios tamaños y texturas. Sobre un rincón se amontonaban un grupo de sillas plegables y una mesa, pegados a un frigobar.

Acostumbrado a estas lides, Dominante colocó la mesa en un lugar estratégico y la rodeó de sillas. Desde allí se veía perfectamente el lugar donde se efectuaría la escena. En ese momento bajaba Pam, vestida con un delantal blanco, cofia y unos zapatos negros de tacón aguja. Tenía prohibido cerrar las piernas y doblar las rodillas, así que teniendo todo esto en cuenta, se dirigió a la mesa con la enorme bandeja que posó con cuidado y comenzó a pasar encima el contenido: una botella, vasos, hielo y unos platillos con canapés. Al terminar, apoyó la bandeja contra la pared –olvidando abrir las piernas y no flexionar las rodillas- y luego se arrodilló, apoyando las nalgas sobre sus talones, la cabeza baja y las manos con las palmas hacia arriba.

-Amigos, tomen asiento y no esperen a que los sirva, estaré ocupado con esta esclava, pero… eso sí: disfruten el espectáculo.

Sin decir palabra, tomó a Pam y la llevó al medio del lugar. Allí le colocó muñequeras y tobilleras y luego la ató con los brazos en V. Con tres tramos de soga roja, le confeccionó un bellisimo bondage, dejando sus senos apretados y apetitosos, y haciendo pasar la soga por “esos” lugares que tanto la provocaban.

De repente, Dominador desapareció a sus espaldas demorando unos segundos en regresar, y lo hizo con un original pedestal. La parte de abajo no tenía nada especial, pero en la parte superior había tallado un falo de importantes dimensiones, rodeado por medio círculo, como si la parte superior de una banqueta se hubiese partido al medio, rodeando la mitad del falo, aunque no entendía cómo lo usaría, pero… no tardaría mucho en saberlo.

Lo primero fue irle introduciendo el falo lentamente. A pesar de tener algún tipo de gel para que entrara con facilidad, Pam sintió cada milimetro. Dominante lo hizo con mucho cuidado, pero aún así le costó dejar parado el pedestal, y la joven tuvo que ponerse en puntas de pie. Fue en ese momento que la joven se dio cuenta que el pedestal tenía la altura graduable, pero contrariamente a lo que ella creía, el Amo subió la altura en vez de bajarla. Era casi insoportable, pero soportó estoicamente el apaliamiento hasta que él acomodó sendos ganchos en las sogas que pasaban por sus piernas y la fue levantando, hasta que las rodillas estaban casi a la altura de su rostro, dejándola en una pose realmente incómoda. Si se tomaba de la cuerda para levantarse y que el falo no le quedara tan metido, no soportaba mucho tiempo y terminaba dejándose caer para descansar en el pequeño trozo de madera bastante más pequeño que sus nalgas.

Dominante tomó un látigo de nueve colas y comenzó a azotar la espalda de la esclava. No eran latigazos fuertes, pero dolían a pesar de que las cuerdas le servían para aminarar levemente los golpes. Continuó con el mismo tratamiento por todo el cuerpo, deteniéndose en la vulva. Allí cambiaba continuamente la intensidad y la cantidad de los azotes, haciendola gemir de dolor.

Los azotes pararon de repente, en tanto un trozo de carne tibio y vizcoso comenzó a acariciar la vulva, entrando y saliendo de la cueva mojada, confundiendo los jugos del placer con la saliva. Varias veces estuvo a punto de correrse, pero el Amo no se lo permitió. La excitación de Pam era obvia, pero aún no era momento.

Lentamente comenzó a bajarle las piernas, luego quitó el pedestal y el falo salió de aquel refugio. Apenas podía sostenerse en pie cuando terminó de quitarle las sogas, así que suavemente la condujo hasta una silla y la colocó sobre sus rodillas, lo que era la posición más cómoda que había tenido en mucho rato.

-Bien… -comenzó Dominante, acariciando dulcemente las nalgas de Pam- No sé que te ha parecido lo que te he hecho hasta ahora, pero quiero que sepas que esto aún no ha comenzado, porque estoy muy insatisfecho con tu actuación, querida.

Las nalgadas cayeron bastante fuerte, las sintió una tras otra, percatándose que no tenía fuerzas para gozarlas, aunque eso poco le importaba a Dominante. Los cachetes posteriores comenzaron a enrojecer rápidamente, pero el hombre no bajaba la intensidad, simplemente la dejaba descansar acariciando los ardientes globos y pasando la punta de sus dedos para acariciar su intimidad. Acercó su rostro a las posaderas, depositando un suave beso en cada una antes de ayudarla a ponerse en pie.

-Levántate… y dirígete hacia aquel cepo. Espérame allí –ordenó mientras él se encaminaba hacia el armario, tomando algunas cosas de allí que Pam no pudo ver. Después se acercó a ella con algunos elementos en sus manos.

-Ponte erguida –ordenó apretando fuertemente los pezones y tirando de ellos hacia arriba, haciendo que de inmediato se pusieran tensos. Fue entonces que que colocó unos broches de los que pendía una tintineante campanilla cada uno. Al menor movimiento, sonaban alegremente.

La separó un par de pasos y graduó la tabla inferior del cepo a la altura de su propia entrepierna.Levantó la tabla superior, haciendo que Pam colocara su cabeza y manos allí. Luego, tomando un separador, lo colocó en sus tobillos y la hizo retroceder lo suficiente para que su cintura quedara a una altura superior a su cabeza. Eso hacía que toda su intimidad quedara expuesta, pero no para los espectadores, que sólo apreciaban el perfil, sino para él. Tomó un plug y se lo introdujo en el ano, que ya estaba bastante dilatado. Luego fue el turno del dildo con vibrador, al cual le colocó un poco de gel en la punta; encendiéndolo lo introdujo lentamente en la resbaladiza vulva. Estaba demasiado húmeda y se escurría. Tomó un trozo de cuerda y con unos pocos nudos realizó una especie de tanga que sirvió para que el dildo no cayera. Las campanillas tañían apenas, dando un sonido agradable al ambiente.

Aún tenía las nalgas rojas de la azotaína anterior, pero el Amo decidió que podían estar más rojas aún y que para ello utilizaría un tawse de dos lenguas. Cada golpe la hacía ponerse en puntas de pie, empujando el cepo con sus hombros, aunque al estar muy ajustado al suelo y no se movía. Los azotes eran los suficiemente fuertes para que los sintiera, pero con un dolor totalmente soportable. Las campanas repicaban sin cesar, sin ritmo, sin compás, sin sentido. El vapuleo cesó y la mano de Dominante llegó a darle un descanso, aunque no por mucho tiempo.

Parecía que le estaba echando gotas de plomo derretido por la forma en que sentía que se le perforaba la piel, introducíendose en la carne. Una, dos, cinco… un chorro de cera que la quemaba por dos o tres segundos interminables. Otra vez el sonido de las campanas, esta vez clamando por piedad…

Antes de dejar en paz las nalgas, jugó un poco con todo aquello que había metido en los agujeros, metiendo y sacando hasta dejar la cuerda de forma tal que en cualquier momento el dildo, que seguía vibrando sin control, cometería suicidio, y el Amo lo sabía…

Dirigiéndose hacia adelante, se enfrentó a la mujer y sentenció:

-Todavía tienes llenos tus agujeros jovencita. Más vale que te quedes quieta y que nada se te caiga. Te puse la soga pero te conozco… No eres más que una perrita inquieta y sé que comenzarás a moverte… -mientras le hablaba se quitaba el cinturón, tomándolo de la hebilla y enrrollándolo en su mano. Luego se abrió la bragueta y sacó a relucir su pene, que ante que pegado al rostro de de la esclava parecía más enorme aún.

La tomó del cabello y comenzó a introducirle el pene en la boca, dirigiendo su cabeza hacia donde él deseaba. La lengua serpenteaba alrededor de aquel trozo de carne venosa, cubriéndolo de tibieza y humedad y haciendo que creciera más y más. El repique de las campanillas se filtraban a través de los oídos del dominante y él, con los ojos semicerrados, azotaba la espalda y glúteos de Pam, que se retorcía dentro de sus posibilidades.

-Vamos perrita, tú sabes hacerlo mejor que esto… Vamos, lame, lame…

Un sonido seco seguido de un crujido que provenía de la parte posterior, hizo que Dominante mirara hacia el suelo, atrás de la encepada. Fue entonces que lo vió: finalmente se había caído el dildo y en caída se partió la tapa del gabinete donde iban las pilas. Imposible repararlo… Lo tomó en sus manos y mostrándoselo a la joven, exclamó:

-Mira perrita… rompiste el juguete. Esto es el colmo… No me satisfaciste, te quejaste todo el tiempo, te cansaste y no conforme con todo eso te mojaste tanto que tiraste el dildo. Y encima lo rompiste –dio unos pasos al frente y dirigiéndose al resto de los Amos, agregó- Estoy realmente desconforme. Más que eso, estoy enojado y decepcionado con esta esclava, así que dejaré mi castigo. Por lo tanto, recordando las palabras de Dámaso que si el primero quedaba desconforme con su esclava podría entregarla al resto, paso a dejarla en sus manos Señores. Omega, Martinet, Demonium, Leather… es toda suya.

La espalda de Pam se arqueó y quiso mirar hacia el costado, pero no lograba ver. Sólo llegó a sus oídos el ruido de las sillas corriendose de lugar y pasos que iban y venían.

Dominante toma un sitio al lado de Dámaso y mientras llenaba un vaso de hielo, se preparó junto a su amigo para ser público muy interesado en el espectáculo que les brindarían sus colegas… (Continuará)